GREAT BAY

Es una tensión creciente que recorre todo tu cuerpo y te acelera corazón. Contienes el aliento. Entonces llega la explosión. Una serie de contracciones rítmicas descontroladas, que se quedan en una cadencia leve. Luego sientes un enorme placer, una relajación absoluta, una sensación de felicidad y sana despreocupación de los problemas cotidianos. Ahora vuelve a leer las mismas líneas, pensando en lo que se sientes no al tener un orgasmo, sino una carcajada. Como ves, ambas sensaciones tienen más en común de lo que pensamos. Ambas liberan tensiones y generan endorfinas, también llamadas “hormonas de la felicidad”, incrementan la autoestima, crean vínculos personales, nos defiende de enfermedades y nos hace más positivos y optimistas. Ya ves, todo son ventajas. Sin embardo, inversamente al “placer adulto”, la frecuencia de la risa disminuye drásticamente a medida que cumplimos años. ¿Sabías que los niños ríen una media de 400 veces al día, mientras que los adultos sólo lo hacemos alrededor de 15 veces? La razón es simple. Los niños ríen ante estímulos externos e internos y, a estas edades, estos son muchos. Cada tarea cotidiana supone para ellos una nueva aventura; cada lección aprendida se convierte en una historia que contar, y cada niño a su alrededor, es un nuevo amigo. Sólo hay que hablar 5 minutos con un pequeñajo para darse cuenta de la pasión que le ponen a las pequeñas cosas. Ni al más grande de los genios se le ocurriría describir una persona saludable como alguien a quien le gusta mucho saludar, o decir que comunista es aquel que va a tomar la primera comunión. Esta creatividad inconsciente va muy ligada a la risa. Ambos implican espontaneidad, naturalidad y seguridad. En cambio, los adultos estamos cansados de las cotidianidades de la vida, de repetir las mismas acciones día tras día. Nada nos sorprende, nada nos hace reír. La monotonía nos ha robado la risa. Actuamos por inercia, sin ningún tipo de espontaneidad. ¿En qué momento nos pasa esto? Aunque el cambio es progresivo y no sucede de un día para otro, si tienes entre 20 y 30 años, esa transformación podría estar ocurriendo en estos momentos. Acabar los estudios y darte de bruces con la cruda realidad laboral; enfrentarte a pagos de alquiler, luz y agua… que ahora ya no se pagan solos; plantearte si realmente estás haciendo lo que te gusta; cuestionarte si tu chic@ de siempre cabe en tu visión de futuro… Son algunos de los borradores de risas que, si bien nos hacen madurar, amenazan con convertirnos en adultos serios y tristes. Sin embargo, existen formas de contrarrestar la cotidianidad de la vida adulta y ponerle un poco de diversión. ¿TE APUNTAS?

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